Un museo único

Siempre me ha gustado visitar todos los museos posibles de aquellas ciudades en las que me voy de vacaciones. Eso, a veces, ha sido un engorro para mis acompañantes, sobre todo cuando la única persona que quería visitarlos era yo.

De Barcelona los conocía prácticamente todos, así que, cuando se comenzó a anunciar ese “Museo Único” situado en un barrio bastante céntrico, no dudé en buscar un hueco para ir. Logré embaucar a tres amigas, sobornándolas con un par de copas esa noche a costa de mi no muy boyante cartera si no les gustaba la exposición.

Así que ese sábado hicimos fila religiosamente. La verdad, no daban pistas acerca del tipo de museo que era, y su nombre, “Museo Único”, era realmente misterioso.

Lo primero que nos llamó la atención fue que no se pagaba entrada. El portero nos dijo que a la salida deberíamos abonar la cantidad que nos pareciera adecuada. Una taquilla inversa, vamos. Así que nos hicimos con los boletos, y pasamos a una especie de antesala en la que no se daba tampoco información acerca del lugar. Eso sí, nos informaban de que solo podríamos entrar en las distintas salas de uno en uno, y que cuando deseáramos pasar a la siguiente tendríamos que pulsar un botón que abriría la puerta de acceso.

-A ver si esto va a ser como en “Los Otros” de Amenábar -comentó Gisela, que de las cuatro era la más cinéfila-. Ahora resultará que estaremos todas a oscuras y que nos van a matar a sustos.

-Anda Gisela, no seas tétrica y disfruta de la experiencia -la regañé, a pesar de que a mí tampoco me había hecho demasiada gracia esa petición.

En cuanto llegó mi turno y entré en la primera sala, estaba algo nerviosa, lo reconozco. Pero no pasó ni un minuto cuando comencé a ver una maravilla tras otra. Pues allí estaban expuestos una enorme cantidad de cuadros que jamás había podido ver pro hallarse en museos lejanísimos y nada asequibles para mí. Lo mejor de los grandes clásicos mundialmente reconocidos, de sus alumnos, talleres…. Pintores poco conocidos, pero no por ello menos valiosos…. Una sala tras otra, fueron desfilando ante mis ojos todas las maravillas habidas y por haber en el noble arte de la pintura. Fue un viaje alucinante para mí.

Cuando, tras haber pasado allí dentro mis buenas dos horas y media, salí para reunirme con mis amigas y poder comentar con ellas lo visto, tuve la sensación de haberme quedado ahíta de arte por un buen tiempo.

Ellas salieron justo detrás de mí, en el mismo orden, y todas con la misma cara de gozo que yo.

-Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Debo emborracharos para que me perdonéis? -pregunté algo sarcástica.

-Qué dices! ¡Ha sido fabuloso!! ¡Jamás había visto tanto cine junto! -Esa era Gisela.

-Cómo que cine? ¡Historia! -Ésa era Ángeles, nuestra historiadora particular.

-Niñas, os estáis equivocando todas, ¿os han drogado o qué? ¡Era pintura!

-Pues, o efectivamente nos han metido algo por el aire o nos han hipnotizado en algún momento para que nos peleemos, o yo qué sé, porque en mi caso, he visto una interesantísima exposición acerca de la historia de la medicina. Y ha sido la mar de instructiva -remató Diana, nuestra excelente y racional doctora.

Sea como fuere, estábamos todas encantadas de haber ido a ese lugar. Naturalmente, el hecho de que no hubiera manera alguna de ponernos de acuerdo acerca de lo que habíamos visto nos tenía muy intrigadas, pero lejos de discutir como locas para tener la razón contra viento y marea, decidimos juntar nuestras mentes para investigar el fenómeno. Nos pusimos a navegar por internet en busca de más datos acerca del museo, la exposición, las características… Pero nada, hubo un silencio total.

Lo más curioso de todo fue que, al cabo de apenas diez días desde nuestra visita, volvimos a pasar por la misma calle y, al acercarnos para curiosear, nos encontramos con que el recinto estaba completamente vacío y la nave en la que se había instalado mantenía su ruina habitual, pues se trataba de una fábrica que llevaba varios años abandonada. Nos dedicamos a preguntar por el vecindario con toda la discreción de la que fuimos capaces, pero nadie supo darnos ningún tipo de explicación. Era como si no hubiera existido.

Finalmente, antes de resignarnos a pensar que estábamos locas, decidimos preguntar en nuestro entorno si habían acudido al museo en cuestión, y finalmente obtuvimos resultados positivos. Pero averiguarlo no nos aclaró nada, ya que cada persona afirmaba haber visto algo completamente diferente, pero con una única coincidencia: todo el mundo que había visitado aquel lugar había visto colmado su deseo de ver reunidas en una sola sala aquellas maravillas que siempre deseó contemplar a sus anchas.

Nuestra conclusión fue que todo había sido un fabuloso truco de ilusionismo….

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Ray

Otro Sant Jordi más en el que me toca estar a la sombra, escondido de todo el mundo, soportando con creciente indignación cómo el otro se lleva todo el mérito. Es él quien firma los libros, se saca fotos con los fans, concede entrevistas en todos los medios… Y yo? Qué es de mí? Nada, mi papel es el de permanecer siempre escondido, un ser anónimo y gris.

Pues este año se acabó lo que se daba, ya me he hartado de ser la pluma que está tras el éxito de Ray Santelmo. Llevo demasiados años siendo su negro, y no tan solo eso! Si mis funciones se limitasen a pulir las ideas de Ray, aún. Pero él sólo pone el nombre! Todo lo demás es mío: el proceso de creación, las tramas… Soy yo quien se pasa horas ante la pantalla escribiendo, rehaciendo frases, pensando en dar un giro inesperado, documentándome para futuras incursiones en la novela histórica… Ray sólo tiene los contactos, el márketing es su fuerte y sabe venderse como nadie. Pero como escritor es penoso, intentó publicar una obra que tiene convenientemente guardada en un cajón y se la rechazaron, editorial tras editorial. Hasta que dio conmigo, un administrativo sin color alguno pero con lo que a él le faltaba: el talento para escribir.

Vio un borrador mío por pura casualidad (o eso es lo que me dijo, porque ya no me creo nada de una persona tan vil como es Ray) y solo me dijo que le parecía interesante. Fin de la historia. El caso es que el ganador del Premio Nacional de Jóvenes Talentos de ese año fue a parar a manos de un desconocido pero prometedor autor que firmaba como Ray Santelmo. Por favor!! Si hasta el pseudónimo es lamentable!!! Porque no creo que si se presentara como Cecilio Jiménez llamase tanto la atención, verdad? Cuando vi el título de la novela casi me dio un síncope: era justo el que yo finalmente había escogido para mi obra! Me quedé a cuadros, y la estupefacción inicial me duró poco, para dar paso a una serie de preguntas que se agolparon en mi mente: Cómo se habría adueñado ese hombre de mi manuscrito? Cuál había sido mi error? Cómo podría denunciarle para que reconociera ante todo el mundo que me había robado mi original?

El caso es que mi jefe me propuso un trato: yo me llevaría un buen extra en mi nómina a cambio de permanecer callado. Sí, Santelmo era mi jefe en el periódico en el que trabajábamos, así supo de mi hobby literario. Le puse un precio a mi silencio bastante elevado, cierto, pero accedió. Y tras ese soborno, o llámesele como se quiera, vino el trato: yo escribiría para él y ambos nos enriqueceríamos. Protesté, me rebelé, amenacé con hacer saltar a la luz pública la verdad acerca de la novela, pero no hubo nada que hacer. Se las ingenió de tal manera que no me quedó más remedio que aceptar.

Han transcurrido once años y siete novelas desde ese gran robo, y ya me he cansado. He reunido suficientes pruebas contra él como para hundirle en la mierda por el resto de su vida y la próxima, si es que decide reencarnarse y se acuerda de quién fue… Ironías aparte, con todo lo que tengo le puedo enterrar bien enterrado.

Así que hoy, Sant Jordi del 2019, me decido a hacerle confesar en público. Llevo una Beretta bien escondida y voy hacia su parada dispuesto a arrancarle una confesión.

-Cecilio Jiménez! -Le grito cuando estoy frente a él-. Ya va siendo hora de que por una vez en tu vida seas sincero con tu admirado público y confieses todo el daño que me has hecho

La cara de las personas que están esperando la firma de su escritor favorito es de película: no sabían su verdadero nombre!

-Sí, señoras y señores – les aclaro – Su admirado Ray Santelmo se llama así en realidad. Ridículo, no? Siento darles esa noticia así, pero no será la única.

-Disculpe señor, pero creo que se confunde… – balbucea Jiménez, actuando muy bien para su público.

-No me confundo no, Ceci. Sabes muy bien quién soy, y deberías admitir al menos que nos conocemos muy pero que muy bien.

-Señor, no sé si se encuentra usted bien, pero mi nombre no es ése.

-No mientas! Bueno, mejor dicho, no sigas mintiendo. Di alto y claro lo que eres: un vulgar estafador, un mentiroso integral que no tiene ni idea de escribir algo mínimamente decente que ha tenido que recurrir a mí para lograr estar donde estás!

Y tras estas palabras saco la pistola y le apunto en la frente. El caos se adueña de la parada en cuestión de segundos; la gente se desperdiga por el paseo, chillando y pidiendo socorro, y nos quedamos Cecilio y yo frente afrente, mirándonos él con cara de sorpresa y yo con odio y satisfacción a la vez, ya que está asustado.

Peor no puedo hacer nada más, ya que en seguida han venido varios policías que me desarman y me agarran con fuerza de los brazos. Se me llevan, pero no me pueden hacer callar.

-Dilo, Cecilio!!! Di que yo he escrito tus novelas! Dilo! Confiesa!!!

Recuerdos de la niña pirata

                 Si miro atrás en el tiempo y pienso en esta foto que tengo delante, no puedo por más de maravillarme de cómo he llegado hasta aquí. No es que haya tenido que pasar por enormes penalidades ni que mi vida haya sido difícil, no más que la de cualquiera diría yo. Pero tampoco me han regalado nada, lo poco que tengo me lo he tenido que ganar a pulso, derramando…. ¿Sangre sudor y lágrimas?… No seamos tan trágicos, sangre se ha vertido poca, sudor pues quizá ya más, sobre todo en veranos abrasadores, pero lágrimas…. Muchas, no sé si demasiadas o las justas y necesarias, pero sí que son las que más abundan en una retrospectiva de mi vida.

                La niña pirata, ésta de la foto, estaba muy lejos de vérselas venir. Ahí tendría yo unos cinco o seis años. Guardo pocos recuerdos de cuándo fue tomada. De hecho, con la única persona con quien mantengo contacto es con el bebé de ojos azules que parece sacado de los anuncios de la Dodot. Ahora mismo ya no es ni bebé ni chico de anuncio sino un hombre hecho y derecho de treinta y tantos años, con su vida independiente de la mía…. Mi primo. ¡El único que tengo!

                De ella, la novia, solo recuerdo vagamente haberla escuchado cantar, algún verano de los ochenta y muchos, canciones que ahora llamaríamos clásicas: de Pimpinela (¡socorro!, esto es un momento vergonzoso!). ella es tía de mi primo, pero me parece que no tienen mucho contacto o casi ninguno. A veces le pregunto pro ella, y no se sabe nada. ¿Él? El primer marido, ni idea casi, no me viene a la memoria. Quizá formaban un dúo, y por eso ese vago recuerdo musical.

                Por esa época yo debía ser un bicho, movida y traviesa, aunque no recuerdo haber hecho ninguna trastada digna de mención. Creo que en esa boda me dio por beberme los culines de las copas de champán, y al marearme, iba dando vueltas sobre mí misma como una peonza. Eso es lo que dice mi madre que hice yo una vez, y como no me vienen a la memoria más bodas que ésta y otra en la que hice de dama de honor….

                ¡Quien sí era un trasto era ese nenuco que no levantaba palmo y medio del suelo! A mí me tenía frita con su curiosa costumbre de encender cerillas cada dos por tres, y yo que era asustadiza siempre andaba pegando el grito en el cielo pro si se quemaba algo. El pirómano, recuerdo que le llamaba…. Ahí ya éramos más mayores, tendríamos cinco y ocho años, más o menos.

                Me vienen también a la memoria las comidas del domingo en casa de nuestra abuela, siempre un arroz a la cazuela riquísimo, la perra de mi abuelo volviéndose loca cuando llegaba mi padre, el piso antiguo de mis abuelos, la buena compañía de toda la familia cuando estábamos unidos…. Mi primo y yo haciendo el payaso con algunos CD de música clásica, yo dirigiendo la orquesta que para algo era la mayor, y mi primo como músico loco, al final acabábamos sin orquesta, sin instrumentos y cansados de tanto reírnos. Nuestra favorita era la cabalgata de las Valquirias, ¡pues no estábamos chalados ni nada!!! Peor ni él ni yo tuvimos mucho que ver con la música, los instrumentos y nosotros no éramos precisamente amigos.

                La verdad es que contemplar ese retrato de una familia que casi no es ni la mía me provoca sentimientos encontrados: nostalgia de los tiempos en los que éramos libres, felices, asalvajados como niños y despreocupados de todo…. Alegría porque me he convertido en la que soy… Tristeza porque no guardo muchos recuerdos de esa etapa…. En fin, recuerdos.

Una cena con sorpresa

La verdad es que esa cena me daba pánico. Y no porque las reuniones familiares me resulten desagradables; al contrario, siempre las he disfrutado, sino porque habíamos invitado a mi madre y su nuevo novio y esa mujer, por muy madre mía que fuese, siempre me sacaba de quicio. Le gustaba tanto ser el centro de atención que era capaz de organizar un follón de mil pares de demonios pro tal de acapararla.

Y así fue. Llevábamos un buen rato esperándoles, a ella y a Rosendo, el novio de turno, cuando de golpe llamaron al timbre con urgencia, como si no hubiera un mañana. Y allí estaban, pero qué pintas! Él la llevaba a rastras, con las ropas medio descompuestas, como si hubiese sufrido un accidente. Mi madre venía también hecha unos zorros, sangrando por la nariz, medio desmayada….

-Pero qué os ha pasado? -Pregunté, asustada.

-Luego te lo cuento… Anda, Abril, guapa –“qué mal me caes, majo!”, pensé, nada más oírle ese “guapa”-, ayúdame a llevarla a tu cuarto para que repose.

-Pero habéis tenido un accidente? Ya habéis ido a algún hospital para que os echen un vistazo?

-No ha sido un accidente de coche, si te refieres a eso. Además, no te preocupes, lo tengo todo controlado. Tu madre solo necesita echarse un poco para recuperarse, y en menos de lo que te imaginas estará como un pimpollo.

Entre el tal Rosendo, con sus pintas de portero con un pasado chungo y yo, la llevamos a nuestra habitación. Un preocupado Jorge, como buen médico de Urgencias que es, intentó hacerle un reconocimiento preliminar tras haberse disculpado con su familia, pero Rosendo insistió en dejarlo estar.

-Ya me puedes disculpar, pero debo insistir. Por muy bien que digas conocerla, a lo mejor no es así, y tiene….

-Mamá! -grité de golpe, al observarla.

Yo no tengo mucha idea de medicina, pero no era nada complicado deducir que le estaba dando un ataque epiléptico. Así que corrimos a auxiliarla los dos.  Por nuestro dormitorio habían aparecido mi hermana y la de Jorge, a quienes éste dio instrucciones eficaces para gestionar el asunto. Con la preocupación y los nervios del momento se me olvidó llamar al hospital donde trabajaba mi chico, pero deduje que él se encargaría.

De hecho, estaba marcando el número desde su móvil tras haber estabilizado a mi madre, cuando oímos una estruendosa carcajada que reconocí como la de Diana.

-Ay, hija, creo que ésta ha sido la mejor actuación de mi vida! -Exclamó una recuperadísima Diana, levantándose de la cama y arreglándose las ropas.

-Cómo??!! Que has hecho todo este teatro para….llamar la atención? -Mi cabreo fue instantáneo.

-Claro, niña. No iba a permitir que fueses tú el centro de atención solo porque vas a casarte, no? Ni que fuese algo tan extraordinario! Vamos!

Y porque Jorge me contuvo a tiempo, porque, de lo contrario, habríamos tenido un cadáver para la cena! Menuda broma de mal gusto se había inventado la loca de esa actriz de segunda que es mi madre!!!

El poder judicial

El juez Santaolaya estaba bastante harto de que siempre le tocaran juicios poco importantes: robos, hurtos y delitos contra la propiedad privada que no suponían un verdadero descalabro para las víctimas de tales desmanes. Así que ideó un siniestro plan para dar el salto definitivo hacia un juicio verdaderamente importante.

Para ello necesitaba que uno de sus subordinados le obedeciera ciegamente, incluso si Su Señoría le ordenaba cometer verdaderas atrocidades a las que sin duda su “esclavo” se opondría ferozmente por ir en contra de su voluntad. Pero de esos detalles de conciencia ya se encargaría él….

Así que se puso a investigar las vidas de todos sus empleados. Tras una ardua tarea de recogida de documentos, expedientes y demás, dio con el candidato ideal. Un simple bedel del juzgado al que estaba adscrito había sido persona de interés en el transcurso de un asunto de sectas, pero al final se le había descartado por carecer de indicios que demostraran su implicación en el caso. Al ver la foto del sujeto en cuestión, Santaolaya se reafirmó en su convicción de que el sujeto era el adecuado. Cuarenta y tantos, apariencia anodina y sobre todo una cara de ser de esas personas tan buenas que son hasta tontas. García, se apellidaba. Ignacio García. Un nombre de lo más normal.

Comenzó citándole en su despacho con una excusa cualquiera. El tal García se presentó ante él con el miedo pintado en el rostro. Normal, por otro lado, ya que Santaolaya tenía fama de ser muy severo y dotado de un carácter de mil demonios si se le contrariaba en cualquier petición, por estúpida que ésta fuera.

-No tenga miedo de mí, García -le dijo el juez con su cara más amable. -Sólo es una conversación intrascendente….

-Lo sé, Su señoría, pero…. Yo…. Verá, ese comentario que hice acerca de usted…. ¡No era mi intención ofenderle, se lo prometo! Yo no esperaba que usted apareciese por el bar justo cuando lo dije, y….

-Ah, eso….

Santaolaya no se había olvidado de la desafortunada frase que había soltado García, y aunque nunca le había dado importancia, el ver que estaba al borde de un ataque de nervios no hizo más que añadir puntos a su plan. García había tenido la ocurrencia de llamarle “dóberman rabioso” ante sus conocidos, provocando la hilaridad general entre los parroquianos.

-No le llamaba por ese tema. No fue un comentario muy lucido, eso no se lo negaré, pero tampoco puedo hacer nada al respecto ya que usted estaba fuera de servicio en ese momento y en un ambiente que no me atañe. Y la ofensa… Bueno, quizá con lo que le propondré pueda verme resarcido.

Y le pasó a exponer su plan. Se trataba de hundir a una familia conocida del juez. Pero hundirla en todos los aspectos: primero su reputación social mediante escándalos que se podrían demostrar. Luego, económicamente, con impagos a proveedores, a empleados…. Seguidamente se hundiría el matrimonio en sí, con acusaciones de infidelidades, alcoholismo, prostitución…. Finalmente, el marido mataría a la mujer y a los hijos y se suicidaría.

-Y yo qué tengo que ver en todo esto? -preguntó el bedel, sin entender nada de los planes de Santaolaya.

-Usted se encargará de ir esparciendo los rumores por ahí, de dejar las pruebas pertinentes en los lugares correspondientes… Naturalmente esta familia son un ejemplo modélico de prosperidad a base de esfuerzo personal, sumado con una familia bien estante que les ha dado soporte…

-Pero eso es…. Inmoral, ¿no? No puedo participar en algo así. Yo soy una buena persona y…. ¿Y si me descubren?

-Yo le doy toda la cobertura que sea necesaria, señor García. Tiene que hacer esto por mí, y no le va a quedar más remedio que obedecerme.

-Por qué?

-Porque usted no querría que su encantadora esposa y sus dos hijos supieran que usted siempre ha sido un satánico bien disfrazado, ¿verdad?

-Pero es que eso no fue así!!! ¡Se demostró sin lugar a dudas de que no tenía nada que ver con esa panda de descerebrados, que yo solo era amigo de uno de ellos!

-Pero todo eso puede cambiar. Usted no podría, por supuesto, pero, un juez como yo, con influencia, poder, medios….

El resto de la conversación no es relevante, ya que se trató de un largo tira y afloja entre juez y bedel, pero éste acabó accediendo. No ese mismo día, pero sí en poco tiempo, ya que su entorno comenzó a volvérsele hostil sin causa aparente (Santaolaya estaba detrás, y García no era tan tonto como aparentaba).

Al final, el pobre hombre tuvo que someterse a una escalada de delitos cada vez mayores. Lo peor de todo fue tener que asesinar a una familia a la que él no conocía personalmente, y hacerlo de tal manera de que no pareciera lo que era en realidad, un cuádruple asesinato.

Lo peor de todo vino durante el juicio, que, casualidades de la vida (o no), tuvo por juez instructor al artífice de la enorme decaída de un simple bedel. Pues Santaolaya era el encargado de juzgar inocente o culpable a aquel pobre hombre. Y cuando García, al conocer su sentencia, estalló en alaridos acusando al juez de haberle manipulado, de haber sido él la víctima de una persona sin escrúpulos, nadie le creyó.

El té

Sabía que Andrés se había llevado esa tetera, y tenía que responder de su falta ante toda la familia. Así que organicé una reunión familiar aparentemente inocente, y una vez estuvimos todos, tras las consabidas frases de cortesía, encaré el asunto sin perder tiempo.

-Bueno familia, el motivo por el cual os he reunido aquí a todos es porque tenemos un problema serio. Como bien dijo la abuela Nala, el juego de té debía quedármelo yo siempre y cuando la mayoría de la familia estuviera de acuerdo, no?

-Sí -dijeron todos.

-Pues, no ha sido así. Cuando fui a buscarlo a casa del notario, su secretaria me dio que un hombre había reclamado ese objeto, y presentó un justificante que a ella le sirvió. El caso es que me extrañó que alguien hubiera ido, teniendo en cuenta que solo yo tenía derecho a tenerla. El caso es que me puse a investigar quién demonios podría haber sido, y finalmente he encontrado al culpable. Se trata del “primo” Andrés, y tengo pruebas que lo demuestran.

-Vamos a ver, Aura, sólo es una tetera como las puede haber a montones por ahí, y yo no tengo nada de la abuela Nala. Así que fui, y como solo me pidieron el DNI, pues me la llevé. Qué más da?

-Claro que da más. Da mucho más. Ya sabes que la tradición dice que hay algunos objetos que solo pueden heredarlos algunos miembros de la familia siempre que los demás estén de acuerdo.

-Y siempre sois los mismos, no? Venga ya! Que solo es una tetera! Bueno, era.

-Cómo que era? Qué ha pasado con ella?

-Pues que la he vendido. Resulta que era lo bastante antigua y lo bastante original como para que en una casa de empeños sin excesivos miramientos me ofrecieran un buen pico por ella.

-La has vendido? O sea, que no tan solo has robado un objeto que me pertenece, sino que encima lo has vendido?

-Naturalmente. No soy tan tonto como para quedármela. Me habrías descubierto más tarde o más temprano, y sé perfectamente cómo somos en esta familia con las tradiciones, así que lo más sensato era deshacerse de ella. Que me queréis acusar? Vale, lo admito. Pero nada más. Por lo que sé, esa tetera ya está vendida, y no creo que se pueda averiguar quién es el nuevo dueño.

-Muy bien Andrés, tú mismo lo has querido. Si solo se hubiese tratado de esto, aún habríamos podido pasarlo por alto, pero como sabemos sin lugar a dudas de que nos has estado robando a todos, no tenemos más remedio que tomar medidas.

-Y qué vas a hacer, primita?

-Ya lo verás

Me dirigí al resto de mi familia sin palabras audibles. El debate no fue muy largo, y cuando llegamos a una conclusión, procedimos. Preparamos un café en la cafetera que había heredado mi hermano Abel, y otro té en la tetera de mi hermana Blanca. Se los ofrecimos, como si con ese gesto selláramos las paces. Pero no era así. Esas dos bebidas, preparadas en esa vajilla concreta y servidas en ese mismo orden, causaban la muerte. Y lo más interesante de todo es que nadie podría acusarnos jamás de asesinato, porque no usábamos nada más que té y café. Pero claro, para lograr ese efecto, solo nosotras podíamos hacerlo, y siempre que estuviera presente el miembro de la familia con el don de la transformación.

Porque efectivamente somos una familia de brujos, y tenemos una serie de dones que podemos activar o anular mediante objetos concretos y en presencia de otros miembros de nuestra familia. La tetera de la discordia me daba el don de leer los pensamientos y la vida de los demás, ya que yo tengo el don natural de la lectura de mentes, y esa tetera me lo activa de tal modo que es literalmente imposible que falle. Así he podido descubrir infidelidades, robos….

Una vez Andrés hubo muerto, la prima Eva cogió su cartera y, tras tomar agua de su jarra, se concentró unos segundos y dijo:

-Sé dónde está tu tetera, Aura. No te preocupes, la recuperaremos.

Diario de un explorador

-Domingo por la mañana.

Me he despertado temprano, tras haber dormido del tirón. La verdad es que me siento extraño, como si a pesar de haber dormido bastantes horas no hubiese descansado nada. Mis colegas siguen durmiendo, Y no me extraña nada!, pues menuda borrachera se pillaron con las cervezas y luego los mojitos! Yo bebí bastante menos, nunca he sido muy dado a la bebida. Pero es extraño este malestar, qué cansado me siento…. Voy a bañarme al río, aunque el agua esté helada me despejará a buen seguro. Luego les despierto y volvemos a las ruinas de la iglesia.

Tres horas después: he decidido dejarles descansar un poco más, creo que lo necesitan. El agua del río estaba gélida, y a pesar de que no podía dejar de temblar me he pasado diez minutos haciendo el pez. Eso sí, cuando he salido del agua me he secado vigorosamente con la toalla y he arrancado a corretear por el valle para entrar en calor! Como me sentía bastante más lúcido, he decidido ir a echar otro vistazo por las ruinas. Me habría tirado allí todo el día, pero no es plan de dejar en la estacada a los demás….

Noche. Esto comienza a ser raro. No se ha despertado ninguno de los tres, y eso que les he sacudido, les he hablado, les he hecho casi de todo menos echarles agua por encima…. Bueno, a Martín sí que le he dado un remojón, y solo ha gruñido un poco, se ha dado media vuelta en el saco de dormir y ha seguido a lo suyo. Seguro que el muy cabrón se está montando una porno imaginaria en su sucia mente y por eso no quiere abrir los ojos…

Las tantas: No estoy nada tranquilo. No porque no tengamos provisiones, sino porque esas ruinas dan un mal rollo increíble. La luna sabe cómo crear sombras fantasmales, y el viento les arranca a árboles y piedras sonidos que una mente susceptible como la mía puede confundir con susurros del más allá. No es nada normal esta manera de dormir de los otros. No están muertos, lo sé perfectamente porque Germán ronca y Jaime da más vueltas que un molinillo. Y Martín, de vez en cuando, tiene una sonrisa pícara en la cara…. Creo que yo también voy a intentar descabezar un sueñecito; esto de velar es peor para mis nervios.

Lunes… Debería serlo: Y lo dejo escrito así, porque tengo la aterradora sensación de haberme pasado tres pueblos con la siesta. Además, Germán ha desaparecido. No está su saco de dormir, ni ninguno de sus pertrechos. Los otros dos siguen en estado comatoso. Me he puesto a buscar a mi cuñado desesperado, definitivamente tengo miedo. No sé qué pasa aquí, y estoy entre largarme y olvidarme de todo esto o actuar como se supone que debo hacerlo y encontrar al marido de mi hermana. Al menos es de día, calculo que debe ser media mañana.

Por la tarde: He descubierto la entrada a la mina, y aunque mucho me temo que Germán estará ahí dentro explorando, no me arriesgo a entrar sin antes comprobar que los otros dos siguen en sus sacos.

Un par de horas después… Creo. Joder. Dónde coño está Martín?? Por qué están desapareciendo todos? Qué mierda de droga o lo que sea hay en esta zona que nos hace hibernar como osos? Y por qué no me afecta a mí del mismo modo?… O sí me ha afectado? La verdad es que no estoy seguro ni de qué hora es, ni del día, ni nada. Maldita mi idea de dejar el móvil en casa, ale, a la aventura!! Aunque, siendo razonables, no habría servido de nada llevarlo, porque por aquí no hay ningún enchufe… Creo que le voy a coger prestado el reloj a Jaime, al menos tendré una idea de algo!

Dentro de la mina: He cogido todas las pilas que he encontrado tanto en mi mochila como en la de Jaime, las dos linternas y cerillas, el Zippo… Como mínimo que no falte luz. Incluso tenía gasolina para mecheros!! El reloj, que menos mal que funciona como lo que es, marca las dos y media. De la madrugada… Menos da un pedrusco! Aquí estoy, en el interior de una mina que lleva abandonada des de que toreó El Cordobés por primera vez en las Ventas, por lo menos,o qué sé yo, dispuesto a explorar sus tripas a ver si esos dos dan señales de vida.

No quiero saber qué hora es…. Llevo perdido aquí dentro una eternidad, y las leyendas que corren acerca de este pueblo deben ser ciertas, porque me siento terriblemente acompañado… Aquí hay cosas. No sé si son seres vivos, animales, fantasmas o el pirata Barbarroja pero estoy acojonado. Y no sé cómo salir. Me he perdido. Y se me acaban las fuerzas para luchar contra este sueño que me quiere abrazar… Sé que no debo cerrar los ojos, porque si lo hago, se me llevarán al reino de la locura….

Uh Uh dijo el búho

Has de saber, mi niño, que todos los animales que existen en la naturaleza son especiales, únicos, y tienes que conocerlos y quererlos por lo que son.

Hoy me toca hablar del búho.

Nuestro amigo con alas suele vivir de noche, y en bosques o zonas con muchos árboles. Por aquí no lo vas a ver con facilidad… Pero de eso ya nos encargaremos.

Sabes por qué tiene los ojos tan grandes? Pues verás, este pájaro nocturno ha de estar atento a todo cuando no hay mucha luz, así que necesita verlo todo perfectamente y sin perderse ni un solo detalle. Y la madre naturaleza, que es muy sabia, le dio ese par de faroles en su cara.

En el principio, los búhos vivían libres y campaban a sus anchas allá donde se sentían a gusto. Y no tenían necesidad de hablar mucho, de vez en cuando soltaban un “Uh Uh” para avisar a sus amigos de que andaban por ahí, pero poco más.

El caso es que, a medida que el planeta fue evolucionando y nosotros con él, a estos pájaros los fuimos desplazando de sus tierras, y a veces no fuimos todo lo buenos que debiéramos. Los búhos no fueron agresivos con nosotros, se limitaron a irse desplazando y quedándose allá donde podían. Y os observaban, se fijaban en cada uno de nuestros movimientos para saber cómo íbamos a comportarnos con sus hermanos, primos y demás aves dela especie.

“Uh uh, Uh uh”,iban hablando entre ellos cada vez que algo nuevo y extraordinario sucedía a su alrededor. Pero también nos estaban avisando a nosotros para que les dejásemos tranquilos. Y claro, como el ser humano no habla el lenguaje de los búhos, pues no le supo comprender. Y ocurrió lo que, por desgracia, debía ocurrir: se volvieron agresivos.

Este ave, que en principio solo se enfadaba con los seres inferiores a los que tenía que cazar para sobrevivir, comenzó a hacer daño a los humanos también para garantizarse su supervivencia, ya que éstos (los humanos), lejos de temerle como un depredador que era, vieron en él algo fascinante, mitológico, quizá divino,y se empeñaron en darle caza no porque lo necesitara, sino para exhibirlo como un trofeo, como una joya. Y claro, los humanos siempre fuimos muchos más que los búhos, así que esa guerra la iban perdiendo nuestros amigos de ojos grandes y cara de sabios.

Por suerte para ellos, las personas comenzaron a darse cuenta de que si seguían matando búhos por diversión se extinguirían, y salieron grupos que se dedicaron a salvarles.

Hoy en día no quedan tantos como sería deseable, y algunos incluso están en peligro.

Por eso, mi pequeño, he decidido contarte esta historieta acerca de un animal que a mí me encanta, y que ojalá te guste a ti tanto como para no soñar jamás con hacerle daño a ninguno.

Porque, sabes? Aunque los búhos sean cazadores, no te atacarán si no les das motivos para ello. Tampoco van a confiar en ti a la primera de cambio; si quieres ganarte el respeto de uno, tendrás que ser paciente, constante y sobre todo tener muy claro que es un pájaro fuerte y que puede hacer daño si cree que le vas a amenazar.

Y hasta aquí el cuento del pájaro de ojos enormes.

Una cena con sorpresa

La verdad es que esa cena me daba pánico. Y no porque las reuniones familiares me resulten desagradables; al contrario, siempre las he disfrutado, sino porque habíamos invitado a mi madre y su nuevo novio y esa mujer, por muy madre mía que fuese, siempre me sacaba de quicio. Le gustaba tanto ser el centro de atención que era capaz de organizar un follón de mil pares de demonios pro tal de acapararla.

Y así fue. Llevábamos un buen rato esperándoles, a ella y a Rosendo, el novio de turno, cuando de golpe llamaron al timbre con urgencia, como si no hubiera un mañana. Y allí estaban, pero qué pintas! Él la llevaba a rastras, con las ropas medio descompuestas, como si hubiese sufrido un accidente. Mi madre venía también hecha unos zorros, sangrando por la nariz, medio desmayada….

-Pero qué os ha pasado? -Pregunté, asustada.

-Luego te lo cuento… Anda, Abril, guapa –“qué mal me caes, majo!”, pensé, nada más oírle ese “guapa”-, ayúdame a llevarla a tu cuarto para que repose.

-Pero habéis tenido un accidente? Ya habéis ido a algún hospital para que os echen un vistazo?

-No ha sido un accidente de coche, si te refieres a eso. Además, no te preocupes, lo tengo todo controlado. Tu madre solo necesita echarse un poco para recuperarse, y en menos de lo que te imaginas estará como un pimpollo.

Entre el tal Rosendo, con sus pintas de portero con un pasado chungo y yo, la llevamos a nuestra habitación. Un preocupado Jorge, como buen médico de Urgencias que es, intentó hacerle un reconocimiento preliminar tras haberse disculpado con su familia, pero Rosendo insistió en dejarlo estar.

-Ya me puedes disculpar, pero debo insistir. Por muy bien que digas conocerla, a lo mejor no es así, y tiene….

-Mamá! -grité de golpe, al observarla.

Yo no tengo mucha idea de medicina, pero no era nada complicado deducir que le estaba dando un ataque epiléptico. Así que corrimos a auxiliarla los dos.  Por nuestro dormitorio habían aparecido mi hermana y la de Jorge, a quienes éste dio instrucciones eficaces para gestionar el asunto. Con la preocupación y los nervios del momento se me olvidó llamar al hospital donde trabajaba mi chico, pero deduje que él se encargaría.

De hecho, estaba marcando el número desde su móvil tras haber estabilizado a mi madre, cuando oímos una estruendosa carcajada que reconocí como la de Diana.

-Ay, hija, creo que ésta ha sido la mejor actuación de mi vida! -Exclamó una recuperadísima Diana, levantándose de la cama y arreglándose las ropas.

-Cómo??!! Que has hecho todo este teatro para….llamar la atención? -Mi cabreo fue instantáneo.

-Claro, niña. No iba a permitir que fueses tú el centro de atención solo porque vas a casarte, no? Ni que fuese algo tan extraordinario! Vamos!

Y porque Jorge me contuvo a tiempo, porque, de lo contrario, habríamos tenido un cadáver para la cena! Menuda broma de mal gusto se había inventado la loca de esa actriz de segunda que es mi madre!!!